viernes, 11 de agosto de 2017

Reseña auriculares Onear50 + desactivar estéreo en Android e iOS

Antes de que los bazares chinos llegasen a España, en la época de las pesetas, existían las tiendas de 20 duros. Mis primeros auriculares los compraba en estas tiendas y me costaban 100-200 pesetas (0,60 - 1,20€ para los legos). Obviamente no duraban mucho. Durante un par de semanas o un mes sonaban ambos auriculares, luego se iba uno a la porra y escuchaba música por el restante hasta que también terminaba fastidiándose tres o cuatro meses más tarde máximo.

Un día entré en un bazar que existía en mi barrio y entre los auriculares que vendían había unos Yamaha que valían 1000 pesetas (6€), mucho más de lo que acostumbra a gastar. Me decidí a comprarlos y fue una estupenda inversión. Era la época de la radio y el walkman, unos buenos auriculares mejoraban la calidad del audio bastante. De hecho cuando los probé no me podía creer que la música pudiese sonar tan bien. Aquellos Yamaha me duraron casi tres años y desde entonces he procurado buscar una buena calidad de sonido en auriculares a buen precio y con una durabilidad aceptable.

ONEAR50
Visito el Decathlon dos-tres veces al año. La última vez mientras estaba esperando en la zona de caja me percaté de que tenían a la venta estos auriculares por 6€. Los únicos que tenía (buenos) eran los del manos libres del móvil, los cuales no me gusta usar diariamente para música sino para llamar con manos libres, así que decidí arriesgarme a comprarlos.

El diseño en sí no me convencía al principio. Hay algunos que se meten demasiado en las orejas y hacen daño (no sé en que piensan los diseñadores de ese tipo de auriculares, en que no los van a usar ellos, supongo). Sin embargo tras probarlos durante unas horas cambié de opinión. No son rectos sino que hacen una ligera curva resultando bastante cómodos.

No tienen las típicas fundas de plástico que se caen con sólo mirarlas y se pierden aún más fácilmente. Las que tiene no se van a caer, hay que quitarlas a propósito para su limpieza.

Con respecto a la parte más importante, la calidad de sonido, es muy buena, y a pesar de entrar en el oído no te aísla del resto de sonidos a tu alrededor como podrían hacerlo otros de diseño similar.

El único pero que le pongo es la pinza para enganchar el cable a la ropa. Seguramente sea por falta de costumbre por mi parte, pero me parece incómoda, no sólo puesta sino también suelta pues se desplaza de una punta a la otra del cable. Por suerte quitarla y ponerla es fácil.

Datos técnicos:
Rango de frecuencia: 20Hz-20KHz
Impedancia: 34 Ohmios
Longitud del cable: 120 centímetros
Tipo de conector: 3,5 milímetros minijack estéreo.

Conclusión: buen diseño, buen precio, buena calidad de sonido. La durabilidad está por ver pero tras tres meses de uso diario siguen en perfecto estado.
El nombre del producto me dio la idea para la siguiente parte de esta entrada.




DESACTIVAR ESTÉREO EN ANDROID E IOS
En la época de los 90, la del walkman y el discman, el sonido estéreo no era un recurso habitual. Hoy día, por desgracia, los artistas tienen la mala costumbre de jugar innecesariamente con el estéreo haciendo por ejemplo que un instrumento suene por sólo por un sólo canal, que la voz vaya por el otro o que algún elemento secundario cambie de un canal a otro alternativamente. ¿Sirve para algo eso? No, para absolutamente nada, salvo para fastidiar. Imagina que usas auriculares pero se te ha fastidiado uno y sólo puedes usar el otro, o que sólo quieres usar uno, por ejemplo el derecho, pues si para una canción han decidido que X recurso (instrumento, voz) sólo se va a poder escuchar por el canal izquierdo te lo pierdes, no hay manera de que puedas escucharlo. ¿O si la hay?

Durante un tiempo busque alguna App que sirviese para que el sonido se reprodujese en mono en lugar de en estéreo. No hubo suerte. Finalmente y de manera bastante fortuita (un cliente que activó opciones que no debería) encontré una manera.

OJO: esta opción no tiene porqué estar disponible en todas las versiones de Android e iOS (sobre todo si son bastante antiguas) ni ser idéntica a como la muestro pero al menos os dará una idea de cómo activarla. En mi caso he usado un Samsung Galaxy S3 (2016) para las capturas de pantalla. Para iOS por lo que he visto en su sección de soporte es casi idéntico.

1. Ira Ajustes. Luego entrar en Accesibilidad. Esa opción debería estar siempre disponible pero puede que en algunos modelos haya que cambiar el menú de modo sencillo o básico a avanzado. En iOS hay que entrar en General antes de Accesibilidad.


2. Dentro de Accesibilidad entramos en Audición.


3. Y en Audición activamos la opción Audio mono. Con eso ya resolvemos el problema del exceso de creatividad.

viernes, 28 de julio de 2017

Destripando a El Hombre Que Ríe - Complejo de Autosuficiencia


I thought what I´d do was, I´d pretend I was one of those deaf-mutes


Para empezar: OJO, spoilers.

Hace algunos años me dio por usar ese símbolo. Vi la primera temporada de Ghost In The Shell - Stand Alone Complex y me impresionó la aparición del símbolo al final del capítulo cuarto. En medio de un estado de confusión, tensión e hipocresía política aparecía una cara sonriente con el mensaje I thought what I´d do was, I´d pretend I was one of those deaf-mutes (lo que haría sería hacerme pasar por sordomudo). La frase proviene del capítulo 25 de la afamada obra de J.D. Salinger El guardián entre el centeno. También hay una explicación literaria para la cara sonriente con gorra de beisbol. Está basado en otra de las obras de J.D. Salinger, El hombre que ríe, y de ahí el nombre del personaje, nombre impuesto por la prensa ya que él nunca llega a autodenominarse con ese nombre. En la serie se indica que el logo de El Hombre Que Ríe podría estar basado en el de la Sunflower Society (Sociedad Girasol), una asociación que ayudaba a la gente cuyos familiares habían sufrido de esclerosis cibercerebral a luchar judicialmente contra el gobierno y las grandes corporaciones, básicamente solicitando que se desclasificasen los datos sobre la vacuna Muray, la única cura efectiva contra dicha enfermedad. Aunque había cierta relación en realidad el logo lo diseñó El Hombre Que Ríe sobre la marcha a partir del logo del Starchild Coffee, a su vez una parodia del Starbucks Coffee.
Aoi - El Hombre Que Ríe
Este hombre, que nunca se autodenominó El Hombre Que Ríe, se llamaba en realidad Aoi. Era un hacker de clase Super-A (o Supermago en algunas versiones), la categoría más alta que existe.
Navegando por la red se topó con un correo de amenaza a Genómica Serano. En él había un estudio de comparación entre la vacuna Muray y el tratamiento experimental de micromaquinaria de Genómica Serano. Aunque ambas estaban destinadas a combatir una nueva y letal enfermedad llamada esclerosis cibercerebal sólo la vacuna Muray era realmente efectiva, la única que podía salvar vidas. En el correo se amenazaba con hacer público dicho estudio comparativo si Genómica Serano no revelaba la completa ineficacia de su tratamiento. Dicha amenaza fue escrita por El Hombre Que Ríe original, en mi opinión el propio doctor Muray, creador de la vacuna Muray, con lo cual se explica porqué la amenaza no se hizo efectiva dada su muerte prematura. Aoi nunca reveló el nombre del autor original de ese correo bien porque no lo sabía o bien porque no quería revelarlo. Este hacker tomó el relevo, secuestró al presidente de Genómica Serano y, tras una larga charla en el Starchild Coffee, consiguió la promesa de que revelaría la verdad. Pocos minutos después de salir de la cafetería el presidente Serano intentó escaparse aprovechando que un equipo de televisión estaba grabando en la calle. Aoi, sintiendo que había sido engañado, intentó que dijera la verdad ante la cámara a punta de pistola. Dada su capacidad como hacker pudo piratear la cámara y que su cara fuera tapada por el logo de El Hombre Que Ríe. No consiguió nada con aquel acto violento y salió corriendo antes de poder ser arrestado. Acto seguido empezó a hackear a las empresas de micromaquinaria, pero el estado les destinó fondos públicos para que siguieran en el mercado (motivos políticos y económicos, los fondos se los cobraron más tarde con intereses). Entonces Aoi desapareció, cumplió con lo que ponía su propio logo, se hizo pasar por sordomudo.

La reacción pública fue la adopción de dicho logo como símbolo (camisetas, mochilas, carpetas, blogs, series, conciertos...) y la aparición de imitadores. La serie comienza seis años después de los incidentes causados por Aoi. La reaparición de El Hombre Que Ríe al final de aquel cuarto capítulo no tenía nada que ver con él, eran sólo imitadores, tanto ciudadanos como agentes del gobierno. Él desapareció al sentirse totalmente frustrado ante la imposibilidad de llevar a cabo el objetivo que se había marcado. Al fin y al cabo era sólo un individuo contra toda la sociedad. Tras la sucesión de imitadores aún se decidió a reaparecer por última vez porque el presidente Serano había hecho una promesa que aún debía cumplir, y porque había alguien con la suficiente voluntad y poder como para poder llevar a cabo esa tarea. Todo queda más claro en el siguiente vídeo:

Nota, el original en español desapareció hace tiempo. No es difícil de encontrar pero os dejo este en inglés que aparte añade algunos datos más, activad los subtítulos:



Complejo de autosuficiencia. Según la Wikipedia es una teoría psicológica de ficción: Se describe como un fenómeno patológico paranoide, por el cual una persona se aleja de los parámetros sociales comunes produciendo una confrontación entre la percepción de sí mismo como "individuo" y el resto de la sociedad, que lo lleva a vivir una realidad paralela. En su plan de fortalecer su individualidad, la persona que se retira de la sociedad no puede aun así, debido a las limitaciones que le ha provocado este mismo entorno social, desarrollar una individualidad completa. Frustrado por el sinsentido de su vida, adquiere para sí un propósito salvador que lo lleva a verse a sí mismo como héroe solitario (contra alguna razón particular), en favor de otros sujetos/víctimas de un poder oculto (que persigue sus objetivos de una manera igualmente disimulado) que él haría fracasar con sus actos de rebeldía que los develan. En su soledad paranoica rechaza o minimiza cualquier ayuda. Una de las características de este fenómeno es la autorreplicación. En ausencia del original, otros toman su papel convirtiéndose en una copia incluso más refinada. Se habla de este "complejo de autosuficiencia" (Stand Alone Complex) como un "parásito" que se esparce a través de las conciencias de los individuos en una sociedad ante un acto considerado "heroico" o "profético" como seria en la primera temporada de Ghost in the Shell el "El hombre que ríe" (Aoi) que lucha contra los intereses de las multinacionales ante una enfermedad devastadora. Para su elaboración, esta teoría, toma el concepto de meme como gen de pensamiento que se transmite entre individuos de una sociedad.

Aoi es la representación de ese complejo de autosuficiencia. Vive aislado en su propio mundo, rodeado de libros, citas y una intensa atracción por las obras de J.D. Salinger. Se considera un derrotado luchador contra el sistema, el héroe caído, el mediador que desaparece y gracias a único acto violento e impulsivo ante las cámaras consigue que un logo se autorreplique una y otra vez durante años. La primera temporada de Ghost In The Shell - Stand Alone Complex se centra en el caso de El Hombre Que Ríe y la primera impresión es que él es el malo mas no es el caso. Tampoco es que sea bueno, puso al presidente de una multinacional de rodillas y le apuntó a la cabeza con una pistola aparte de otros delitos. ¿Qué es entonces este personaje, héroe, villano, antihéroe, un loco o alguien tan cuerdo que parece loco? Yo sigo sin estar seguro pero si agradezco la introducción de un personaje tan complejo. No es el típico "malo" que cuenta su plan en cuanto le enfoca la primera cámara sino justo lo contrario, alguien cuyo nombre y motivaciones no conoces realmente hasta los últimos minutos de la temporada y aún así te deja con las dudas. Mi consejo, ve la serie, saca tus propias conclusiones y responde a la pregunta: ¿qué tipo de personaje es Aoi?

martes, 7 de marzo de 2017

Encargo

Sin título 
This is evolution,
the monkey,
the man
and then the gun

Marilyn Manson - Cruci-Fiction In Space




Encargo

La pistola humeó feliz.
Había cumplido su objetivo.
La metáfora yacía finada,
difunta,
muerta.
Sin ella no había poema,
ninguna amenaza para el status quo
de su dueño.

Lo celebró cargando otra ronda de balas
en el cargador, y en su recámara
sólo había hueco para el próximo encargo
que vendría desde arriba.

Siempre desde arriba...





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La imagen es de michela, vía Flickr y con licencia Creative Commons CC BY-NC-ND 2.0.
El texto también tiene su licencia Creative Commons :P
Safe Creative #1701240439771

miércoles, 1 de marzo de 2017

Februarius

no hace falta que te diga que puedo acompañarte a tirar la basura


Februarius, febrero, es el mes en el que se celebraba el festival romano de la purificación, Februa (o Februatio). También estaba asignado a un dios, a Februus. Unas fuentes dicen era una festividad para pedir perdón a los dioses por los desmanes causados durante todo el año (ese mes era el último en el calendario romano) mediante sacrificios expiatorios. Otras fuentes afirman que eran rituales de purificación para pedir fertilidad (de humanos, animales y cosechas). La wikipedia pone que era una "limpieza de primavera" como si la Antigua Roma fuese una serie americana. Teniendo en cuenta que la Februa acabó integrada dentro las fiestas lupercales es difícil saber que rito pertenecía a cual festividad, a no ser que se tenga un doctorado en Historia Antigua, algo de lo cual carecía.

Lo de "limpieza de primavera" le recordó que se le había pasado cierta tarea anual. Su mente era una montaña rusa. La música, el trabajo, los cursos a distancia, la casa y otros mil pequeños quehaceres creativos y también recreativos le tenían dando bandazos de un lado para otro. Además no se habían largado esos momentos de vacío. Tampoco habían aumentado, ni en intensidad, ni en frecuencia ni en duración. Simplemente llegaban... y se sentía como si el cochecito de la montaña rusa se hubiese salido de las vías. Se sentía ingrávido, flotando en algún milisegundo entra la vida y la inminente hostia fatal contra el suelo.

Por suerte y/o por desgracia un bandazo siempre lo sacaba de aquella situación, le devolvía las pesadas fuerzas gravitatorias. El acelerado paseo caótico continuaba.

La tarea consistía en poner las carpetas sobre la mesa, bien a finales de año o los primeros días de enero. Luego echaba el día revisando que debía conservar y que papelajo iba a acabar recorriendo la angosta y cortante ranura de la destructora de documentos. Era una labor sencilla tras tantos años de práctica. Ciertas facturas de 3 a 5 años (según de donde fueran) se salvaban, dejando la primera, aquella con la que se dio de alta en X servicio, siempre. Las facturas o tickets de productos cuya garantía había expirado a la destructora del tirón. También revisaba antiguos escritos o manuales que había impreso para leer más tarde y que ya no tenía sentido que los leyese, bien por obsolescencia o porque ya no le importaba nada el tema que trataban.

Aquel día terminó mucho antes de lo esperado. Se le ocurrió meterle mano a un par de cajas llenas de recuerdos que guardaba en el desván. Se sorprendió al encontrar chapas, tarjetas y demás cachivaches publicitarios que no recordaba haber recogido nunca. Lo desechó todo sin contemplaciones. También había fotos, en papel. Hacía décadas literalmente que no pasaba nada ninguna foto a papel. De hecho el 95% de aquellas fotos habían sido hechas con cámaras analógicas. Le costó trabajo reconocer algunas de ellas. Sabía que él las había hecho en su momento, mas aquello estaba ya demasiado lejos en el tiempo y en el espacio.

Cuando terminó con lo físico decidió ir a lo digital. Ejecutó una pequeña utilidad portátil, SpaceSniffer, un chivato que le diría que es lo más espacio ocupaba en sus archivos. Lo apuntó a su partición de datos y se sorprendió al ver que la carpeta de imágenes se llevaba más de la mitad del espacio. 347 carpetas con imágenes catalogadas, en su mayoría fotos, algunos pocos dibujos y algún que otro vídeo realizado con sus primeras cámaras digitales. Demasiado equipaje. Comprobó la fecha de creación de algunas carpetas, sobre todo las de aquellas cuyos nombres ni recordaba: 7, 8, 10, 14 años habían pasado desde que decidiera ¿atesorar esos momentos?

Movido por la curiosidad abrió algunas de ellas, empezando por aquellas cuyo título no sólo no recordaba sino que ni siquiera conseguía descifrar. Aparecieron fotos de actos en los que a duras penas recordaba haber estado, multitudes de rostros vagamente familiares. Volvió a él aquella sensación que tuvo en su último año universitario, cuando le saludaba gente que no recordaba haber visto nunca o alguien (un completo extraño) le daba conversación en el autobús con toda la familiaridad del mundo, como si se conociesen desde la guardería. Siguió revisando carpetas. Se topó con bastantes de viajes. Por suerte había puesto en la mayoría el nombre del sitio porque no lo habría adivinado de ningún otro modo. Volvió a ocurrir lo mismo, más rostros conocidos, muy pocos a los que podía poner nombre. Encontró más rostros, también más nombres, incluidos los de personas que no deseaba volver a recordar.

Dice la psicología que en realidad no se olvida nada, que el olvido es la incapacidad para acceder a un recuerdo en concreto. El recuerdo persiste en algún lugar del cerebro pero la vía que llega hasta él está cortada. En ocasiones se puede acceder al recuerdo por otro camino y por eso nos acordamos de algo varias horas después de haber tratado de recordarlo; en otras ocasiones la conexión está perdida, el recuerdo aislado en un neurona con las sinapsis fuera de servicio.

Ante él tenía un archipiélago. ¿Quiénes eran todas aquellas personas y lugares? En su cabeza se repetía un "me suena". Sólo tenía una tenue sensación de familiaridad, de que su ojo había estado tras las cámaras. Los metadatos de las fotos se lo confirmaban (Fujifilm, Fujitsu, Sony, Nikon...), era él, o al menos sus cámaras, las que habían estado allí y tomado aquellas fotos, pero era más poderosa la extrañeza que la cercanía. Aquellas fotos no avivaban sus recuerdos, no al menos para bien, algunas para mal.

Recordó un relato de Ribeyro, uno en el que el protagonista se iba a las antípodas a buscar a su doble aún sabiendo que el doble podía tener la misma idea y viajar hacia donde él estaba. En cierta manera se sentía como en aquel relato, contemplando la obra de un doble que había estado en todos aquellos lugares, con toda aquella gente, y de todo aquello él sólo tenía fotos catalogadas y leves recuerdos, más retazos inconexos de sueños que realidad.

Permaneció un largo rato en silencio, meditando que hacer con las pruebas de aquellos tiempos pretéritos perfectos que algún otro había vivido. Porque no era ni más ni menos que eso, la vida de algún otro, no la suya. ¿Valía la pena aferrarse a los recuerdos de otro, de otro que a saber siquiera si existía?



Su decisión no la tomó la vacua emoción que le inspiraban la mayoría de las fotos. No, esas eran neutrales. No inclinaban la balanza a un lado ni a otro. Lo que finalmente las sentenció, lo decisivo, fueron esas otras pocas que si recordaba y que NO quería recordar.



Maldijo los mecanismos neuronales, la forma en que sus neuronas habían establecido sus sinapsis para recordar ciertas personas, momentos y lugares ignorando a otros tantos. Seleccionó casi un centenar de carpetas y mientras mantenía la tecla mayúsculas pulsada pulsó el botón de suprimir. El sistema le preguntó si realmente deseaba eliminarlas permanentemente. Pulsó la tecla intro, se levantó de la silla, hizo un nudo a la bolsa de basura atestada de papeles triturados y se marchó a tirarla. A su espalda gigabytes de recuerdos de otra persona se desvanecían para siempre.

Einer no necesitaba un pasado.



Del texto: Safe Creative #1703010848288
El vídeo y la música Alter Ego pertenecen a Roger Subirana, de su disco Lost Worlds (2006).

lunes, 13 de febrero de 2017

Publifotógrafo


En la sección de Agenda y la subsección/widget de Próximos eventos suelo poner que cuando voy a alguno voy de publifotógrafo. No hay mucho que explicar sobre ese término. No hay que tener más de dos neuronas sanas para adivinar que quiero decir que voy con la doble condición de público (a pasármelo bien) y de fotógrafo (a pasármelo aún mejor). En ocasiones voy incluso de publipoefotógrafo, es decir, participo en el evento, disfruto del evento y fotografío el evento. En algunos casos he indicado que sólo voy de fotógrafo. Lo siento por el organizador de tal acto, pero eso significa que sólo me interesa por cuestiones fotográficas, el resto me da igual o menos aún.

Sin embargo escribo esto porque me parece un poco pretencioso y arrogante poner fotógrafo, publifotógrafo, poefotógrafo y demás etcétera.

No soy fotógrafo. Soy un aficionado.

Digo esto porque ya me ha ocurrido en varias ocasiones que la gente me ve dejar los bártulos al fondo de la sala (algunas veces incluso el trípode), dar vueltas comprobando desde que ángulos voy a disparar y den por hecho que soy un fotógrafo, que el organizador del evento o el dueño de la sala me han contratado para hacer un reportaje fotográfico. Al menos en dos ocasiones me han preguntado para que periódico trabajo.

Cuando me preguntan respondo con total sinceridad mas no es lo habitual. Lo usual es que me entere del comentario desde lejos: oye, no sabía que habías contratado a un fotógrafo, o no va a hacer falta la cámara, ya hay un fotógrafo.

Y sonrío, siempre sonrío.
Porque no soy fotógrafo.

Decía el director de cine vanguardista Dziga Vertov ...Soy un ojo fílmico, soy un ojo mecánico, una máquina que os muestra el mundo solamente como yo puedo verlo. Mi manera de pensar es una ligera variación de la de Vertov: Yo soy la máquina que os muestra la Poesía como yo quiero verla. Hago las fotos como puedo, con grandes dosis de torpeza y un poco de habilidad y otro poquito (cada vez más) de experiencia. Hago las fotos desde los ángulos desde los que me gustaría verlas, con las expresión en la cara del que recita que a mi me gustaría ver, con la emoción que a mi me gustaría encontrar en una foto. Hago las que considero necesarias. Hago las fotos que yo deseo ver. Luego las selecciono (las borrosas siempre fuera) y hago correcciones en Gimp, lo básico: balance de blancos, brillo, contraste, quitar ojos rojos y poco más; que queden a mi gusto. Finalmente las subo a un álbum de Facebook con la información del evento y asunto terminado.

No, no soy fotógrafo.
Soy el atípico loco con una reflex con dos objetivos que consiguió barata porque estaban retirando ese modelo, con un trípode (sin albur) que apenas usa y que se dedica a hacer lo que le da la gana en los eventos a los que asiste sin pedir permiso. Y nadie me riñe por ello, sino que vienen a darme su email y/o contacto de Facebook para que les envíe las fotos, pues piensan que soy fotógrafo.

No, no soy fotógrafo.
Aún no.
Pero gracias por el cumplido. :)

miércoles, 8 de febrero de 2017

Por exigencias del guión


Mis intenciones iniciales con respecto a esta página era traeros cada semana un contenido distinto. Un lunes un poema, al siguiente un microrrelato, al siguiente un vídeo y/o un audio... Eso sólo lo estuve haciendo los tres primeros meses, desde diciembre de 2014 a febrero de 2015. Luego fue espaciándose cada vez  más y más...

Ahora que he vuelto resulta que estoy en una tesitura un tanto peculiar. Sigo estando en Di-Fusión-a2 y desde septiembre de 2016 en La I Crítica. Con Di-Fusión-a2 actualmente no hay mucho problema con el contenido nuevo. Puedo publicar allí y acá a la vez.

La dialéctica se plantea en el caso de La I Crítica. En dicha página los artículos están preparados y programados. A medida que vamos creando nuevos contenidos vamos programando en las fechas que tenemos libres (y reprogramando si es necesario). Se publica cada 2-3 días y tenemos una gran cantidad de contenido preparado, pero si de repente se me ocurre un relato, lo escribo y lo quiero publicar aquí y allá sería una cabronada muy descortés hacerlo primero acá y varios días o semanas después allí. Lo suyo sería que fuese simultáneo.

Por ello os voy a comentar como se va a engranar esto:
1. Los contenidos no son exactamente iguales para ambas páginas. Algunos serán exclusivos de una u otra. Ejemplos: los luengos artículos de retrogaming que estoy preparando con paciencia, café solo, cariño y capturas de pantalla van para La I Crítica; los autorrelatos de final de mes vienen aquí. Lo que sea exclusivo de Nenie lo publicaré a mi antojo (lunes normalmente). Lo que sea exclusivo de La I Crítica se programará cuando le toque. Sin embargo el contenido exclusivo será mínimo, un 10%.

2. La mayor parte del contenido será común a ambas páginas, por lo cual saldrá al mismo tiempo en las dos. Básicamente una vez que completo un contenido se le asigna una fecha de publicación. Yo haré lo mismo en esta página, asignarle la misma fecha y hora. También si procede lo prepararé para Di-Fusión-a2.

3. Hay contenido aquí que encaja perfectamente en La I Crítica. De hecho tres artículos de allí han salido directamente de acá. Hay más contenido que tengo que volcar pero no lo voy a quitar de aquí para salga al mismo tiempo en La I Crítica. Se me ocurre enriquecerlo. Por ejemplo, si añado allá un poema que tengo aquí y no tiene imagen y/o audio pues se lo agregaré para que cuando salga en La I Crítica tenga un contenido extra que no tuviese el original.

4. Sigo teniendo "bastante" contenido en el anterior blog que quiero traer a las tres páginas. Saldrá en las tres a la vez y reformados; en algunos casos incluso reescritos. A la página de Di-Fusión-a2 le espera un lavado de cara además de más contenido.

5. Mis prioridades creativas son La I Crítica > Nenie > Di-Fusión-a2, así que va a seguir sin haber contenido aquí de manera "regular". Va a ser un tanto aleatorio pues va a depender de la planificación que decidamos en La I Crítica, pero míralo por el lado bueno, vuelve a haber vidilla por estos lares :)

6. Defunción de la Cordura - Demise of Sanity ^.^

martes, 31 de enero de 2017

Iānuārius


Por lo general la gente sabe bastante poco de etimología. Usan palabras, conocen el significado de unos pocos miles de ellas, pero no saben de donde vinieron. En lo referente al tiempo algunos saben que Julio y Agosto deben sus nombres a Julio Cesar y el emperador romano Augusto. Tal vez con suerte sepan que Lunes, ese día tan odiado, viene de Luna; pero poco más se puede esperar.

Iānuārius, enero, es el mes consagrado a Ianus, Jano, el dios romano de las puertas, de los comienzos y los finales. Muy apropiado. Enero es la puerta, cerramos un año y abrimos uno nuevo, generalmente con promesas y propósitos que nunca llegamos a cumplir. Para ese entrante año no escribió propósitos en un papel, ni los pensó, ni siquiera se los planteó. Desde hace tiempo él tenía otro plan en mente.



Aquella partitura era la más enrevesada, compleja, exasperante e ininteligible que jamás había visto. Tampoco es que hubiera visto muchas. En muchos aspectos era un autodidacta, en el de la música también, pero él ansiaba aprender una nueva pieza, ESA pieza. Ansiaba conquistarla, dominarla, con suerte ser el que mejor la interpretase en el mundo. Esa última parte se le antojaba casi imposible, ¿pero por qué no intentarlo al menos? Sabía que le llevaría tiempo tocarla como es debido, y llegado a ese punto aún estaría a mundos de distancia de otras interpretaciones. Lo sabía, las había escuchado con detenimiento, eran el germen de aquel deseo insano.

El 1 de enero comenzó con los ensayos en su habitación insonorizada. No era plan de fastidiar a los vecinos, en su mayoría resacosos de la noche anterior. Todo sonó desafinado. No le importó. Sólo era el primer día. Sólo era cuestión de práctica.

Cuando no ensayaba y siempre que el menester que tuviese entre manos se lo permitiese escuchaba aquellas otras interpretaciones, todas las posibles. Pensaba que dominar aquella música era como aprender idiomas, cuestión de escuchar, escuchar, escuchar y luego practicar. Durante todo aquel mes hubo bastantes más errores que aciertos en sus ensayos. Siguió sin amilanarse.

Sin embargo hubo algo que le inquietó, una sensación que iba haciéndose más fuerte día tras día. La notó por vez primera de forma plena a la semana y poco de haber comenzado el año y sus ensayos. La notó en el silencio. Desde pequeño había sido un melómano y siempre solía estar escuchando algún tipo de música. El silencio no era lo suyo. No le inquietaba ni le molestaba, de hecho lo buscaba puntualmente cuando sentía que era necesario. Pero ya no era lo mismo. El silencio había cambiado, si es que eso era posible. Él sabía que no lo era.

El silencio era la ausencia de todo sonido: la música que intentaba tocar correctamente, los motores de coches, motos, autobuses, camiones y estufa, los ladridos de perros madrugadores y a la par trasnochadores, el eco de las conversaciones vecinales en el hueco de la escalera y que resonaban como si estuviesen huecos usando megáfonos, los pitidos de teléfonos, impresoras y ordenadores; y otros tantos cientos de sonidos de los que ya no nos percatamos porque la fuerza de la costumbre ha hecho que nuestros tímpanos los ignoren. El silencio era esa completa ausencia de sonido, ese absoluto vacío. Y sin embargo... el silencio no sonaba igual. Como eso no era posible descartó aquella sensación y pensamientos.

El día de su cumpleaños la primera voz que oyó al despertar fue la de su subconsciente.
¡Feliz cumpleaños, Einer!
–¿Pero qué demonios...? –pensó. Ese no era el nombre con él se refería a sí mismo. No le era desconocido, sabía a que hacía referencia, pero jamás lo había usado, ni siquiera se lo había planteado. Decidió dejarlo pasar... o al menos lo intentó, mas claudicó al notar que la duda era más espesa que el café con el que estaba desayunando.

Un rato después, ya preparado para salir de casa, notó otra vez aquella sensación en el silencio. Se pasó un par de minutos quieto a un par de pasos de la puerta. Aquel vacío... Para su sorpresa no le costó mucho esfuerzo entonces hacer un vacío también en su mente y así dejarse sumido tan sólo en las sensaciones... No descubrió nada. Sonrió mientras salía a la calle. Había sido un iluso. ¿Qué esperaba hallar en la nada?

Horas más tarde se detuvo en el mismo sitio que por la mañana. Repitió la misma operación, mismo silencio, mismo vacío, mismo par de minutos, misma inmersión en las mismas sensaciones. Esa segunda vez no sonrió. "Allí" no había nada, sólo aquella imposible sensación. Aquella tarde el ensayo fue un desastre.

Al día siguiente probó otro enfoque. Entendió que la sensación era distinta porque su percepción se había alterado. Pero de ser así, ¿por qué ese cambio sólo lo notaba justamente en la ausencia, cuando no había nada que percibir? Al final la respuesta resultó ser de lo más simple: locura, enrevesada, compleja, exasperante e ininteligible locura. Aquella partitura, el deseo por dominarla le habían cambiado.


Por unos breves momentos no supo que hacer. Volvió a sumergirse en su interior. Vio allí sus dudas. Las resolvió como si fueran simples ecuaciones de segundo grado. Una vez desveladas las incógnitas las desechó como quien tira la cotidiana basura. En su lugar sólo dejó la más firme determinación.

El mayor obstáculo en cualquier empresa es uno mismo. Regresó a su habitación insonorizada. Tomó el arco y comenzó a tocar. Seguía sonando fatal pero no cesaría. No sería Einer quien le detuviese en su loco afán de seguir danzando loco.


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