martes, 7 de marzo de 2017

Encargo

Sin título 
This is evolution,
the monkey,
the man
and then the gun

Marilyn Manson - Cruci-Fiction In Space




Encargo

La pistola humeó feliz.
Había cumplido su objetivo.
La metáfora yacía finada,
difunta,
muerta.
Sin ella no había poema,
ninguna amenaza para el status quo
de su dueño.

Lo celebró cargando otra ronda de balas
en el cargador, y en su recámara
sólo había hueco para el próximo encargo
que vendría desde arriba.

Siempre desde arriba...





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La imagen es de michela, vía Flickr y con licencia Creative Commons CC BY-NC-ND 2.0.
El texto también tiene su licencia Creative Commons :P
Safe Creative #1701240439771

miércoles, 1 de marzo de 2017

Februarius

basura
no hace falta que te diga que puedo acompañarte a tirar la basura


Februarius, febrero, es el mes en el que se celebraba el festival romano de la purificación, Februa (o Februatio). También estaba asignado a un dios, a Februus. Unas fuentes dicen era una festividad para pedir perdón a los dioses por los desmanes causados durante todo el año (ese mes era el último en el calendario romano) mediante sacrificios expiatorios. Otras fuentes afirman que eran rituales de purificación para pedir fertilidad (de humanos, animales y cosechas). La wikipedia pone que era una "limpieza de primavera" como si la Antigua Roma fuese una serie americana. Teniendo en cuenta que la Februa acabó integrada dentro las fiestas lupercales es difícil saber que rito pertenecía a cual festividad, a no ser que se tenga un doctorado en Historia Antigua, algo de lo cual carecía.

Lo de "limpieza de primavera" le recordó que se le había pasado cierta tarea anual. Su mente era una montaña rusa. La música, el trabajo, los cursos a distancia, la casa y otros mil pequeños quehaceres creativos y también recreativos le tenían dando bandazos de un lado para otro. Además no se habían largado esos momentos de vacío. Tampoco habían aumentado, ni en intensidad, ni en frecuencia ni en duración. Simplemente llegaban... y se sentía como si el cochecito de la montaña rusa se hubiese salido de las vías. Se sentía ingrávido, flotando en algún milisegundo entra la vida y la inminente hostia fatal contra el suelo.

Por suerte y/o por desgracia un bandazo siempre lo sacaba de aquella situación, le devolvía las pesadas fuerzas gravitatorias. El acelerado paseo caótico continuaba.

La tarea consistía en poner las carpetas sobre la mesa, bien a finales de año o los primeros días de enero. Luego echaba el día revisando que debía conservar y que papelajo iba a acabar recorriendo la angosta y cortante ranura de la destructora de documentos. Era una labor sencilla tras tantos años de práctica. Ciertas facturas de 3 a 5 años (según de donde fueran) se salvaban, dejando la primera, aquella con la que se dio de alta en X servicio, siempre. Las facturas o tickets de productos cuya garantía había expirado a la destructora del tirón. También revisaba antiguos escritos o manuales que había impreso para leer más tarde y que ya no tenía sentido que los leyese, bien por obsolescencia o porque ya no le importaba nada el tema que trataban.

Aquel día terminó mucho antes de lo esperado. Se le ocurrió meterle mano a un par de cajas llenas de recuerdos que guardaba en el desván. Se sorprendió al encontrar chapas, tarjetas y demás cachivaches publicitarios que no recordaba haber recogido nunca. Lo desechó todo sin contemplaciones. También había fotos, en papel. Hacía décadas literalmente que no pasaba nada ninguna foto a papel. De hecho el 95% de aquellas fotos habían sido hechas con cámaras analógicas. Le costó trabajo reconocer algunas de ellas. Sabía que él las había hecho en su momento, mas aquello estaba ya demasiado lejos en el tiempo y en el espacio.

Cuando terminó con lo físico decidió ir a lo digital. Ejecutó una pequeña utilidad portátil, SpaceSniffer, un chivato que le diría que es lo más espacio ocupaba en sus archivos. Lo apuntó a su partición de datos y se sorprendió al ver que la carpeta de imágenes se llevaba más de la mitad del espacio. 347 carpetas con imágenes catalogadas, en su mayoría fotos, algunos pocos dibujos y algún que otro vídeo realizado con sus primeras cámaras digitales. Demasiado equipaje. Comprobó la fecha de creación de algunas carpetas, sobre todo las de aquellas cuyos nombres ni recordaba: 7, 8, 10, 14 años habían pasado desde que decidiera ¿atesorar esos momentos?

Movido por la curiosidad abrió algunas de ellas, empezando por aquellas cuyo título no sólo no recordaba sino que ni siquiera conseguía descifrar. Aparecieron fotos de actos en los que a duras penas recordaba haber estado, multitudes de rostros vagamente familiares. Volvió a él aquella sensación que tuvo en su último año universitario, cuando le saludaba gente que no recordaba haber visto nunca o alguien (un completo extraño) le daba conversación en el autobús con toda la familiaridad del mundo, como si se conociesen desde la guardería. Siguió revisando carpetas. Se topó con bastantes de viajes. Por suerte había puesto en la mayoría el nombre del sitio porque no lo habría adivinado de ningún otro modo. Volvió a ocurrir lo mismo, más rostros conocidos, muy pocos a los que podía poner nombre. Encontró más rostros, también más nombres, incluidos los de personas que no deseaba volver a recordar.

Dice la psicología que en realidad no se olvida nada, que el olvido es la incapacidad para acceder a un recuerdo en concreto. El recuerdo persiste en algún lugar del cerebro pero la vía que llega hasta él está cortada. En ocasiones se puede acceder al recuerdo por otro camino y por eso nos acordamos de algo varias horas después de haber tratado de recordarlo; en otras ocasiones la conexión está perdida, el recuerdo aislado en un neurona con las sinapsis fuera de servicio.

Ante él tenía un archipiélago. ¿Quiénes eran todas aquellas personas y lugares? En su cabeza se repetía un "me suena". Sólo tenía una tenue sensación de familiaridad, de que su ojo había estado tras las cámaras. Los metadatos de las fotos se lo confirmaban (Fujifilm, Fujitsu, Sony, Nikon...), era él, o al menos sus cámaras, las que habían estado allí y tomado aquellas fotos, pero era más poderosa la extrañeza que la cercanía. Aquellas fotos no avivaban sus recuerdos, no al menos para bien, algunas para mal.

Recordó un relato de Ribeyro, uno en el que el protagonista se iba a las antípodas a buscar a su doble aún sabiendo que el doble podía tener la misma idea y viajar hacia donde él estaba. En cierta manera se sentía como en aquel relato, contemplando la obra de un doble que había estado en todos aquellos lugares, con toda aquella gente, y de todo aquello él sólo tenía fotos catalogadas y leves recuerdos, más retazos inconexos de sueños que realidad.

Permaneció un largo rato en silencio, meditando que hacer con las pruebas de aquellos tiempos pretéritos perfectos que algún otro había vivido. Porque no era ni más ni menos que eso, la vida de algún otro, no la suya. ¿Valía la pena aferrarse a los recuerdos de otro, de otro que a saber siquiera si existía?



Su decisión no la tomó la vacua emoción que le inspiraban la mayoría de las fotos. No, esas eran neutrales. No inclinaban la balanza a un lado ni a otro. Lo que finalmente las sentenció, lo decisivo, fueron esas otras pocas que si recordaba y que NO quería recordar.



Maldijo los mecanismos neuronales, la forma en que sus neuronas habían establecido sus sinapsis para recordar ciertas personas, momentos y lugares ignorando a otros tantos. Seleccionó casi un centenar de carpetas y mientras mantenía la tecla mayúsculas pulsada pulsó el botón de suprimir. El sistema le preguntó si realmente deseaba eliminarlas permanentemente. Pulsó la tecla intro, se levantó de la silla, hizo un nudo a la bolsa de basura atestada de papeles triturados y se marchó a tirarla. A su espalda gigabytes de recuerdos de otra persona se desvanecían para siempre.

Einer no necesitaba un pasado.



Del texto: Safe Creative #1703010848288
El vídeo y la música Alter Ego pertenecen a Roger Subirana, de su disco Lost Worlds (2006).

lunes, 13 de febrero de 2017

Publifotógrafo

fotógrafo photo Fotgrafo en Madrid_zpsutuwhavi.jpg

En la sección de Agenda y la subsección/widget de Próximos eventos suelo poner que cuando voy a alguno voy de publifotógrafo. No hay mucho que explicar sobre ese término. No hay que tener más de dos neuronas sanas para adivinar que quiero decir que voy con la doble condición de público (a pasármelo bien) y de fotógrafo (a pasármelo aún mejor). En ocasiones voy incluso de publipoefotógrafo, es decir, participo en el evento, disfruto del evento y fotografío el evento. En algunos casos he indicado que sólo voy de fotógrafo. Lo siento por el organizador de tal acto, pero eso significa que sólo me interesa por cuestiones fotográficas, el resto me da igual o menos aún.

Sin embargo escribo esto porque me parece un poco pretencioso y arrogante poner fotógrafo, publifotógrafo, poefotógrafo y demás etcétera.

No soy fotógrafo. Soy un aficionado.

Digo esto porque ya me ha ocurrido en varias ocasiones que la gente me ve dejar los bártulos al fondo de la sala (algunas veces incluso el trípode), dar vueltas comprobando desde que ángulos voy a disparar y den por hecho que soy un fotógrafo, que el organizador del evento o el dueño de la sala me han contratado para hacer un reportaje fotográfico. Al menos en dos ocasiones me han preguntado para que periódico trabajo.

Cuando me preguntan respondo con total sinceridad mas no es lo habitual. Lo usual es que me entere del comentario desde lejos: oye, no sabía que habías contratado a un fotógrafo, o no va a hacer falta la cámara, ya hay un fotógrafo.

Y sonrío, siempre sonrío.
Porque no soy fotógrafo.

Decía el director de cine vanguardista Dziga Vertov ...Soy un ojo fílmico, soy un ojo mecánico, una máquina que os muestra el mundo solamente como yo puedo verlo. Mi manera de pensar es una ligera variación de la de Vertov: Yo soy la máquina que os muestra la Poesía como yo quiero verla. Hago las fotos como puedo, con grandes dosis de torpeza y un poco de habilidad y otro poquito (cada vez más) de experiencia. Hago las fotos desde los ángulos desde los que me gustaría verlas, con las expresión en la cara del que recita que a mi me gustaría ver, con la emoción que a mi me gustaría encontrar en una foto. Hago las que considero necesarias. Hago las fotos que yo deseo ver. Luego las selecciono (las borrosas siempre fuera) y hago correcciones en Gimp, lo básico: balance de blancos, brillo, contraste, quitar ojos rojos y poco más; que queden a mi gusto. Finalmente las subo a un álbum de Facebook con la información del evento y asunto terminado.

No, no soy fotógrafo.
Soy el atípico loco con una reflex con dos objetivos que consiguió barata porque estaban retirando ese modelo, con un trípode (sin albur) que apenas usa y que se dedica a hacer lo que le da la gana en los eventos a los que asiste sin pedir permiso. Y nadie me riñe por ello, sino que vienen a darme su email y/o contacto de Facebook para que les envíe las fotos, pues piensan que soy fotógrafo.

No, no soy fotógrafo.
Aún no.
Pero gracias por el cumplido. :)

miércoles, 8 de febrero de 2017

Por exigencias del guión



Mis intenciones iniciales con respecto a esta página era traeros cada semana un contenido distinto. Un lunes un poema, al siguiente un microrrelato, al siguiente un vídeo y/o un audio... Eso sólo lo estuve haciendo los tres primeros meses, desde diciembre de 2014 a febrero de 2015. Luego fue espaciándose cada vez  más y más...

Ahora que he vuelto resulta que estoy en una tesitura un tanto peculiar. Sigo estando en Di-Fusión-a2 y desde septiembre de 2016 en La I Crítica. Con Di-Fusión-a2 actualmente no hay mucho problema con el contenido nuevo. Puedo publicar allí y acá a la vez.

La dialéctica se plantea en el caso de La I Crítica. En dicha página los artículos están preparados y programados. A medida que vamos creando nuevos contenidos vamos programando en las fechas que tenemos libres (y reprogramando si es necesario). Se publica cada 2-3 días y tenemos una gran cantidad de contenido preparado, pero si de repente se me ocurre un relato, lo escribo y lo quiero publicar aquí y allá sería una cabronada muy descortés hacerlo primero acá y varios días o semanas después allí. Lo suyo sería que fuese simultáneo.

Por ello os voy a comentar como se va a engranar esto:
1. Los contenidos no son exactamente iguales para ambas páginas. Algunos serán exclusivos de una u otra. Ejemplos: los luengos artículos de retrogaming que estoy preparando con paciencia, café solo, cariño y capturas de pantalla van para La I Crítica; los autorrelatos de final de mes vienen aquí. Lo que sea exclusivo de Nenie lo publicaré a mi antojo (lunes normalmente). Lo que sea exclusivo de La I Crítica se programará cuando le toque. Sin embargo el contenido exclusivo será mínimo, un 10%.

2. La mayor parte del contenido será común a ambas páginas, por lo cual saldrá al mismo tiempo en las dos. Básicamente una vez que completo un contenido se le asigna una fecha de publicación. Yo haré lo mismo en esta página, asignarle la misma fecha y hora. También si procede lo prepararé para Di-Fusión-a2.

3. Hay contenido aquí que encaja perfectamente en La I Crítica. De hecho tres artículos de allí han salido directamente de acá. Hay más contenido que tengo que volcar pero no lo voy a quitar de aquí para salga al mismo tiempo en La I Crítica. Se me ocurre enriquecerlo. Por ejemplo, si añado allá un poema que tengo aquí y no tiene imagen y/o audio pues se lo agregaré para que cuando salga en La I Crítica tenga un contenido extra que no tuviese el original.

4. Sigo teniendo "bastante" contenido en el anterior blog que quiero traer a las tres páginas. Saldrá en las tres a la vez y reformados; en algunos casos incluso reescritos. A la página de Di-Fusión-a2 le espera un lavado de cara además de más contenido.

5. Mis prioridades creativas son La I Crítica > Nenie > Di-Fusión-a2, así que va a seguir sin haber contenido aquí de manera "regular". Va a ser un tanto aleatorio pues va a depender de la planificación que decidamos en La I Crítica, pero míralo por el lado bueno, vuelve a haber vidilla por estos lares :)

6. Defunción de la Cordura - Demise of Sanity ^.^

martes, 31 de enero de 2017

Iānuārius

Iānuārius photo ianuarius_zpse9zu1co8.jpg

Por lo general la gente sabe bastante poco de etimología. Usan palabras, conocen el significado de unos pocos miles de ellas, pero no saben de donde vinieron. En lo referente al tiempo algunos saben que Julio y Agosto deben sus nombres a Julio Cesar y el emperador romano Augusto. Tal vez con suerte sepan que Lunes, ese día tan odiado, viene de Luna; pero poco más se puede esperar.

Iānuārius, enero, es el mes consagrado a Ianus, Jano, el dios romano de las puertas, de los comienzos y los finales. Muy apropiado. Enero es la puerta, cerramos un año y abrimos uno nuevo, generalmente con promesas y propósitos que nunca llegamos a cumplir. Para ese entrante año no escribió propósitos en un papel, ni los pensó, ni siquiera se los planteó. Desde hace tiempo él tenía otro plan en mente.


song
Aquella partitura era la más enrevesada, compleja, exasperante e ininteligible que jamás había visto. Tampoco es que hubiera visto muchas. En muchos aspectos era un autodidacta, en el de la música también, pero él ansiaba aprender una nueva pieza, ESA pieza. Ansiaba conquistarla, dominarla, con suerte ser el que mejor la interpretase en el mundo. Esa última parte se le antojaba casi imposible, ¿pero por qué no intentarlo al menos? Sabía que le llevaría tiempo tocarla como es debido, y llegado a ese punto aún estaría a mundos de distancia de otras interpretaciones. Lo sabía, las había escuchado con detenimiento, eran el germen de aquel deseo insano.

El 1 de enero comenzó con los ensayos en su habitación insonorizada. No era plan de fastidiar a los vecinos, en su mayoría resacosos de la noche anterior. Todo sonó desafinado. No le importó. Sólo era el primer día. Sólo era cuestión de práctica.

Cuando no ensayaba y siempre que el menester que tuviese entre manos se lo permitiese escuchaba aquellas otras interpretaciones, todas las posibles. Pensaba que dominar aquella música era como aprender idiomas, cuestión de escuchar, escuchar, escuchar y luego practicar. Durante todo aquel mes hubo bastantes más errores que aciertos en sus ensayos. Siguió sin amilanarse.

Sin embargo hubo algo que le inquietó, una sensación que iba haciéndose más fuerte día tras día. La notó por vez primera de forma plena a la semana y poco de haber comenzado el año y sus ensayos. La notó en el silencio. Desde pequeño había sido un melómano y siempre solía estar escuchando algún tipo de música. El silencio no era lo suyo. No le inquietaba ni le molestaba, de hecho lo buscaba puntualmente cuando sentía que era necesario. Pero ya no era lo mismo. El silencio había cambiado, si es que eso era posible. Él sabía que no lo era.

El silencio era la ausencia de todo sonido: la música que intentaba tocar correctamente, los motores de coches, motos, autobuses, camiones y estufa, los ladridos de perros madrugadores y a la par trasnochadores, el eco de las conversaciones vecinales en el hueco de la escalera y que resonaban como si estuviesen huecos usando megáfonos, los pitidos de teléfonos, impresoras y ordenadores; y otros tantos cientos de sonidos de los que ya no nos percatamos porque la fuerza de la costumbre ha hecho que nuestros tímpanos los ignoren. El silencio era esa completa ausencia de sonido, ese absoluto vacío. Y sin embargo... el silencio no sonaba igual. Como eso no era posible descartó aquella sensación y pensamientos.

El día de su cumpleaños la primera voz que oyó al despertar fue la de su subconsciente.
¡Feliz cumpleaños, Einer!
–¿Pero qué demonios...? –pensó. Ese no era el nombre con él se refería a sí mismo. No le era desconocido, sabía a que hacía referencia, pero jamás lo había usado, ni siquiera se lo había planteado. Decidió dejarlo pasar... o al menos lo intentó, mas claudicó al notar que la duda era más espesa que el café con el que estaba desayunando.

Un rato después, ya preparado para salir de casa, notó otra vez aquella sensación en el silencio. Se pasó un par de minutos quieto a un par de pasos de la puerta. Aquel vacío... Para su sorpresa no le costó mucho esfuerzo entonces hacer un vacío también en su mente y así dejarse sumido tan sólo en las sensaciones... No descubrió nada. Sonrió mientras salía a la calle. Había sido un iluso. ¿Qué esperaba hallar en la nada?

Horas más tarde se detuvo en el mismo sitio que por la mañana. Repitió la misma operación, mismo silencio, mismo vacío, mismo par de minutos, misma inmersión en las mismas sensaciones. Esa segunda vez no sonrió. "Allí" no había nada, sólo aquella imposible sensación. Aquella tarde el ensayo fue un desastre.

Al día siguiente probó otro enfoque. Entendió que la sensación era distinta porque su percepción se había alterado. Pero de ser así, ¿por qué ese cambio sólo lo notaba justamente en la ausencia, cuando no había nada que percibir? Al final la respuesta resultó ser de lo más simple: locura, enrevesada, compleja, exasperante e ininteligible locura. Aquella partitura, el deseo por dominarla le habían cambiado.


Por unos breves momentos no supo que hacer. Volvió a sumergirse en su interior. Vio allí sus dudas. Las resolvió como si fueran simples ecuaciones de segundo grado. Una vez desveladas las incógnitas las desechó como quien tira la cotidiana basura. En su lugar sólo dejó la más firme determinación.

El mayor obstáculo en cualquier empresa es uno mismo. Regresó a su habitación insonorizada. Tomó el arco y comenzó a tocar. Seguía sonando fatal pero no cesaría. No sería Einer quien le detuviese en su loco afán de seguir danzando loco.

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