Yo no soy Alexander Anderson


Listening: Gradus Vita

AVISO: hay spoilers pero no tantos ni tan importantes como para no ver Hellsing.

No me gusta descubrir nuevas películas, libros y series. No me gusta, no al menos tanto como revisitar una y otra vez las que ya conozco, revisitarlas usando otra óptica, buscando detalles y referencias que se me hubieran pasado en anteriores visitas.

Una de mis revisitaciones habituales es Hellsing, concretamente los 10 OVAs de Hellsing Ultimate. Bueno, en realidad suelo revisualizar Hellsing Ultimate Abridged, una versión más corta, cómica y aún más oscura que la original. Pero lo que vengo a comentar hoy viene a colación de lo que ocurre con uno de los personajes de la serie original, así que os comento mientras añado imágenes del manga.

En Hellsing el personaje principal es Alucard, quien es básicamente el conde Drácula, Vlad Tepes, al servicio de la organización Hellsing. Otro de los personajes, antagonista de Alucard, es el paladín Alexander Anderson, también conocido como Bayoneta Anderson (por el arma que usa), Polvo de Ángel, Sacerdote de Judas, San Guillotina, etc. Él forma parte de la sección XIII del Vaticano: Iscariote, llamada así por Judas Iscariote. Oficialmente sólo hay 12 secciones en el Vaticano y ellos son la sección secreta, una encargada de la eliminación de entidades sobrenaturales (vampiros principalmente) y herejes.

A lo largo de la serie hay enfrentamientos y encontronazos entre ambos personajes que no revelan gran cosa. Lo más importante es el principio de su combate final. Llegado un punto Alucard libera todo su poder y vuelve a su forma original, la de Vlad Tepes, el conde Drácula. Alexander piensa que ese es el momento definitivo, que debe acabar con Drácula justo en ese momento o nunca lo conseguirá, así que marcha a enfrentarse a él en solitario. Su llegada es recibida por Drácula con entusiasmo.



¿Por qué? Si nos fijamos con atención vemos que a lo largo de la serie Alucard se ha enfrentado a dos tipos de enemigos: vampiros y humanos. El poder de Alucard es inconmensurable, es un monstruo imbatible y él lo sabe. Sin embargo no combate igual contra unos que contra otros. Cuando lucha contra vampiros, contra otros monstruos, no duda en "jugar" con ellos. Se toma su tiempo y los humilla. Sin embargo cuando lucha contra humanos no pierde el tiempo. Los mata rápido, sin piedad e incluso los empala dejando claro quien es en realidad: Vlad Tepes, el Empalador.

¿Por qué esta diferencia? En el combate final entre Alucard y Anderson nos lo indica. Él es un monstruo y sabe que sólo un humano puede matar a un monstruo. A pesar de las mejoras y modificaciones de Anderson (regeneración, fuerza y velocidad sobrehumanas, etc.) él sigue reconociendo a Anderson como humano y desea que ponga fin a su existencia, como hicieron otros humanos antaño, como hizo Abrahan Van Hellsing. Alucard sabe que Anderson puede ser él que le ponga fin esta vez y lucha contra él con todo lo que tiene: con una arma especialmente diseñada para usar contra Anderson y con su ejército de no muertos.

Una pequeña puntualización. Si sólo un humano puede matar monstruos... ¿Alucard se identifica como humano? Porque se pasa la serie matando monstruos. No. Él se identifica como un monstruo, como un arma, y eso queda claro en una de sus conversaciones con su ama: Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing. Él es un arma y ella es la que decide quien vive y quien muere. Ella, la humana, es la que mata monstruos. Por esto precisamente a veces Alucard parece un poco insistente en el tema de que su ama le de ordenes. Quiere dejar claro quien es la que realmente mata monstruos.

Alucard: «Soy yo quien sostiene el arma. Yo tomo el objetivo. Yo cargo las munciones y las reviso. Yo quito el seguro y aprieto el gatillo. Pero eres tú realmente quien los mata. ¿Qué deseas hacer? ¡Dame una orden, Sir Hellsing!»
Integra: «¡No me ofendas, sirviente! ¡Ya te di mi orden y no ha cambiado! ¡Busca y destruye! ¡Busca y destruye! ¡Aplasta todo aquello que se cruce en tu camino!»

Sin embargo el combate final entre Anderson y Alucard no va por por lo que este desea que pase. Cuando finalmente Anderson consigue atravesar el ejército de no muertos y llegar hasta donde está Alucard saca el clavo de Helena. La expresión de este cambia drásticamente.


Alucard sabe lo que va a hacer Anderson. Se lo va a clavar en su propio corazón para conseguir más poder y convertirse en un monstruo: el monstruo de Dios.


Alucard le pide que no lo haga, que no se convierta en un monstruo, que le derrote siendo humano, pues esa es la única posibilidad. Convertirse en un monstruo sería inutil, sólo conseguiría extender su conflicto infinitamente.

La respuesta de Anderson es clara:
Anime: «Yo sólo soy una bayoneta. Una bayoneta llamada "castigo divino". Siempre deseé haber nacido como una tormenta, o como un milagro. Una fuerza explosiva. Una terrible tormenta sin miedos o sentimientos en el corazón. Si apuñalarme a mi mismo con esto me transforma en eso, pues entonces que así sea.»
Manga: «Quier renacer siendo una feroz vorágine, un instrumento destructor de Dios, una despiadada e impávida tormenta de poder. Y si para conseguir eso debo apuñalarme con este clavo pues que así sea. Amén.»

Anderson renuncia totalmente a su humanidad. No la quiere. Él quiere ser un instrumento, un arma que ejecute el castigo divino. Momentos antes de todo esto hace que Enrico Maxwell sea asesinado por el ejército de no muertos de Drácula. Maxwell es de hecho su superior y un arzobispo. ¿Por qué lo hace? Porque él es un Iscariote, agente del castigo divino en la Tierra. Maxwell entró en Londres con un ejército no sólo para combatir al enemigo principal de la serie, la organización Millenium, sino que también ataca a la población masacrando inocentes. Desde su punto de vista Maxwell estaba intentando suplantar a Dios; estaba abusando de su nueva autoridad como arzobispo. Estaba ebrio de avaricia y poder y había dejado de ser un instrumento al servicio de Dios, que es lo que debe ser un Iscariote. «Nosotros no somos más que simples instrumentos de violencia. Yo sólo soy el causante de la muerte. Una fuerza al servicio del Señor.» Así pues Anderson no mata directamente a Maxwell pero sí causa su muerte (ya, suena raro, pero no quiero haceros muchos spoilers). El hecho de que Anderson criara a Maxwell en Roma es irrelevante. Él se considera a si mismo un arma: una bayoneta. Su humanidad, sus sentimientos y emociones es algo que no desea tener y que no duda en sacrificar si con ello puede eliminar al No Life King, al mismísimo Drácula. Si lo consigue o no tendreís que averiguarlo vosotros. No voy a contar nada más de esta historia sino lo que venía a contar.



YO NO SOY ALEXANDER ANDERSON
Toda esta larga, lúdica e ilustrada introducción es sólo para decir que yo no soy como mi homónimo. No me refiero por supuesto a sus habilidades (que sólo pueden existir en la ficción) ni a sus creencias. Me refiero al tema central que hemos tratado. No es que Alexander Anderson renuncie a su humanidad, es que muy posiblemente nunca la haya tenido.

Hubo un tiempo en el que fui tan creyente y tan católico como él. Nunca he hablado abiertamente de este tema pero fue hace tanto tiempo que básicamente lo considero como si hubiera sido otra vida. Todo eso se fue diluyendo poco a poco cuando empecé mis estudios universitarios de Humanidades. Al mismo tiempo que poco a poco iba adquiriendo una animadversión creciente a todas las religiones (especialmente al catolicismo) también fui creciendo en mi una admiración por la Humanidad. Admiración... y asco. Si mezclas el estudio de la Historia con Antropología, Psicología y varias disciplinas más acabas descubriendo como somos los humnanos: seres capaces de las mayores maravillas y de los mayores horrores. No existen los ángeles ni los demonios. Nosotros somos los ángeles y los demonios.

Y a pesar de todo lo malo que somos capaces de hacer, tanto a los demás como principalmente a nosotros mismos, yo no renunciaría a mi humanidad bajo ningún concepto.

Anderson quiere ser un objeto, un instrumento, una herramienta, un arma. Yo, por el contrario, no sólo no quiero eso sino que además lo detesto. Mi trabajo es técnico informático. He sido deshumanizado más veces de las que recuerdo. He sido llamado «este» e incluso «esto» en varias ocasiones, como si en vez de una persona fuera un robot capaz de hacer reparaciones. Casi diariamente me dirigen la palabra haciendo preguntas directamente, como si fuera una interfaz de ChatGPT a la que le escupes una pregunta y te responde. Ni buenos días, ni disculpe ni nada; simplemente dame una respuesta.

No, yo no funciono así. Creo que en algún sitio de esta página lo dejé claro. Yo no trabajo con máquinas, trabajo con personas. Igualmente yo no soy una máquina, soy una persona, y seré tratada como tal, con el mismo respeto y educación con el que yo trato a las personas a las que atiendo.

Escribo esto con malestar, hastío y un puntito de rabia. Me cansa el desprecio pero sé que es lo que voy a seguir recibiendo. Lo he estado recibiendo toda mi vida y lo seguiré recibiendo. Escribo esto hoy y ahora porque por un lado me he dado cuuenta de la antítesis entre Alexander Anderson y un servidor. Por otro lado porque tengo la sensación de que últimamente la deshumanización que he recibido se ha multiplicado. Eso o le estoy dando más vueltas en mi cabeza de lo que debería. Bueno, no sólo vueltas. También estoy reaccionando más a esas prácticas. Me sigo mordiendo la lengua pero cada es más habitual que responda a esa deshumanización. No creo que vaya a cambiar nada ni a nadie, ni ahí fuera ni con estas líneas, pero al menos lo intento.

Otra solución podría ser ponerme cierta máscara, anular mis emociones, ser Anderson, una herramienta, una bayoneta, un monstruo, mas no lo haré. Alucard decía que convertirse en monstruo es lo mismo que reconocer que se es demasiado débil para ser humano.

Y yo me niego a ser demasiado débil.

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