sábado, 2 de mayo de 2015

Silencio

Silencio. Éste es uno de esos días en que dejo que el silencio impere. Suena raro... pero es lo que suelo hacer por el bien de mi cordura, acallar todos los ruidos, los exógenos y los endógenos. Vivimos con tanto ruto martilleándonos el coco desde dentro y desde fuera que olvidamos lo que es la quietud. Nos asusta el silencio, nos hace sentir como si nos faltase algo vital. Nos hemos convertido en habitantes del Niagara, que no son capaces de irse de viaje y dormir bien. La ausencia del sonido de las cataratas les pone nerviosos.

Yo no he llegado a tal extremo, menos mal. La música es un gran soporte para mi día a día mas al mismo tiempo me relaja aún su ausencia. A veces me gustaría imitar alguno de esos casos en los que se mantiene uno en silencio, meditando durante días. No es sencillo, estamos acostumbrados a andar en mil líos, a interrumpirnos continuamente con mil distracciones, a no ser capaces de terminar lo iniciado. Yo sería el menos adecuado para recorrer dicha senda. Me distraigo demasiado a menudo musando en las pensarañas. Hace mucho que no dedico al menos un rato a meditar, a dejar la mente en blanco, a sumergirme en lo más profundo de Nenie, a contemplarme cara a cara, tal cual soy, no el que me imagino que soy. Mi límite está en media hora, de ahí nunca he pasado. Cuando volvía siempre me sentía desorientado, sin estar seguro de donde estaba, cómo había llegado hasta allí ni quien era yo exactamente. Lo único que sabía es que no estaba soñando, esa era la única certeza.



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